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EMOCIÓN ¿PARA QUÉ SIRVES?

La etimología de la palabra emoción (del latín emotĭo) significa “movimiento o impulso”. Cuando tu inconsciente detecta una situación peligrosa en la que se requiere de una adaptación rápida e inmediata, las emociones ponen en marcha la repuestas más arcaicas. El físico reacciona acortando el ciclo respiratorio, aumentando la frecuencia cardiaca, tensionando la musculatura y subiendo el ritmo circulatorio sanguíneo. De este modo se maximiza la capacidad de reacción para enfrentar o evitar un suceso.

Seguro que más de una vez has deseado no sentir lo que en ese momento sentías. Angustia, miedo, dolor, desesperación muy intensa que te hubiera gustado no experimentar.

¿Crees que este mal rato puede tener alguna utilidad positiva? Efectivamente, estas emociones tan desagradables que has intentado evitar vivir tantas veces, te avisan de un posible riesgo y, por tanto, desarrollan una importante función de supervivencia.

Ya Aristóteles (384 a C. – 322 a. C) relacionó las emociones con dos procesos base de placer o de dolor. Thomas Hobbes (1588 – 1679) les asignó una función vital según el matiz placentero o doloroso. Para René Descartes (1596 – 1650) las emociones contribuían a la evolución y conservación de ser humano. Y Darwin, tras estudiar su universalidad, planteó el origen biológico de las emociones.

En definitiva, las emociones cumplen una importante función de adaptación y supervivencia, estimulando acciones en base al placer o el dolor. Por ejemplo, un niño no conoce los riesgos de un enchufe hasta que lo toca y,  por primera vez, le da la corriente. En ese momento surge la emoción miedo, cuya función es proteger. Esta emoción asociada a la acción de tocar un enchufe, queda grabada en su biología (psique, cuerpo y cerebro) para, en el futuro, tomar decisiones en consecuencia. Del mismo modo, asociamos ciertas acciones con el placer y tendemos a repetirlas.

 

Estas son las emociones básicas y su función

Miedo: Facilita la respuesta de huida.
Asco: Rechazo ante alimentos en mal estado o sustancias tóxicas.
Ira o rabia: Nos prepara para el enfrentamiento a la situación.
Tristeza: Estimula a no repetir errores cometidos.
Alegría: Estímulo para repetir acciones acertadas que aportan beneficio.

 

¿Qué ocurre si son reprimidas?

En ocasiones, si un suceso es muy impactante, la emoción nos embriaga y nuestro Sistema Psíquico de Protección interviene para protegernos. ¿Cómo lo hace? Por medio del cerebro cognitivo que, expresado por el neo-córtex, tiene la capacidad de racionalizar, inhibir y reprimir las emociones. Esto nos puede evitar problemas relacionales pero tiene la contrapartida de convertirnos en “almacenadores” emocionales. De manera que la fuente del conflicto permanece viva en un nivel inconsciente. Decimos que se queda “programada”. Y, de algún modo, esperando a aflorar. Esto explica ciertas respuestas emocionales desmesuradas ante algunas situaciones. Como algunos miedos irracionales, dificultades para conciliar el sueño o rabia ante las opiniones diferentes de otras personas.

La habilidad para percibir, comprender, integrar y canalizar las emociones propias y las de los demás se conoce como inteligencia emocional. Y se afianza mediante un proceso de crecimiento personal cuya meta es la madurez y la autorresponsabilidad.

¿Quieres aprender a gestionar tus emociones? Contacta conmigo.
¿Recuerdas alguna ocasión en la que no expresaste tus sentimientos para no verte involucrado en un conflicto con otras personas? Te animo a compartir tu experiencia en la sección de comentarios que hay más abajo.

 

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