En el año 1970, el médico y neurocientífico norteamericano Paul Maclean desarrolló la teoría del cerebro triuno. Se basa en las respuestas cerebrales en función del desarrollo evolutivo. Sugiere que el cerebro está compuesto por tres sistemas interconectados entre sí neuronalmente. Esta integración es el resultado de una evolución biológica ocasionada por las necesidades de adaptación al medio.

Estos sistemas se llaman reptiliano (reactivo), límbico (emocional o mamífero), neocórtex (racional). Así pues, se asocian a los instintos, las emociones y los pensamientos. Los tres interactúan entre sí.

Reptiliano. Parte más primitiva. Propio de reptiles y dinosaurios. Formado por los ganglios basales, el tallo cerebral y el sistema reticular. Ocupa el 5% del volumen cerebral. Su función es la de supervivencia. Por tanto, es instintivo, programado, reactivo, automático, muy rápido e inconsciente. Se basa en dos funciones: atacar-huir. Tiene que ver con el hacer y el actuar. Esto incluye rutinas, territorialidad, adicciones, rituales o seguridad. Rige todas las conductas automáticas de supervivencia: respiración, digestión, actividad sexual, temperatura corporal, latido del corazón y otras muchas funciones. En resumen, las habilidades necesarias para sobrevivir en tierra. Se resiste al cambio (tropieza mil veces con la misma piedra).

Límbico. Propio de mamíferos. Rodea al sistema reptiliano. Comprende el tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral. Ocupa el 10% del volumen cerebral. Su función es emocional (afectiva). Se basa en dos opiniones: agradable-desagradable, que expresan ir/estar a favor-en contra de la supervivencia (cerebro reptiliano). Evalúa los datos obtenidos del entorno.

Neocórtex. Parte más reciente. Propio de humanos. Envuelve al sistema límbico. Hemisferios. 85% del volumen cerebral. Representa el nivel máximo evolutivo. Ejerce funciones como el aprendizaje, la anticipación, la planificación, comunicación y toma consciente de decisiones. Tiene la capacidad de abstracción y simbolizar: atribuir cualidades a un símbolo (objeto, dibujo, letra, palabra, gesto, etc.). El hemisferio izquierdo es el responsable del pensamiento, el lenguaje, el análisis, la lógica y los razonamientos. El hemisferio derecho es el de la creatividad y el arte y controla funciones como la intuición, las relaciones espaciales o el reconocimiento de imágenes.

cerebro

Conociendo esta teoría ¿cómo procesamos la información en el cerebro?

1. Recepción de un estímulo. El estímulo puede ser externo o interno.

Externo: se percibe a través de los sentidos (tacto, vista, oído, olfato y gusto).

Interno (hay estímulo externo previo, aunque muchas veces no está localizado ni reconocido): pensamiento, emoción, sentimiento o sensación.

2. El tálamo procesa la información. Clasifica el estímulo como agradable o desagradable en diferentes grados de intensidad.

3. Pasa por el neocórtex.

4. Llega a la amígdala cerebral. Desencadena una emoción que decide la acción de palabra y/o obra.

El profesor Joseph Ledoux de la universidad de Nueva York ha sido pionero en el estudio de emociones en animales y humanos.

Joseph Ledoux afirma que nosotros somos nuestras emociones. El placer, el miedo o la esperanza nos indican aquello que es importante para nosotros. Por eso debemos entender cómo funcionan en nosotros. Propuso que hay ocasiones en las que la información del estímulo no pasa por el neocórtex, sino que va directamente del tálamo a la amígdala. En término prácticos, esto supone percibir el estímulo y reaccionar en base a la emoción sin razonar el acto que ejecutemos. Es un automatismo inconsciente.

Esto supone que en ocasiones reaccionamos de modo automático. Entendiendo esto como sin aplicar la lógica ni la reflexión. Así pues, esto explicaría el motivo de por qué tropezamos siempre con la misma piedra. La explicación sería que nuestro inconsciente biológico, el más arcaico, repite determinados comportamientos porque entiende que aseguran nuestra supervivencia. Mantenemos así relaciones personales perjudiciales, conductas autodestructivas o situaciones absolutamente ilógicas que nos proporcionan un “incomprensible” sufrimiento. De este modo podemos comprender la repetición de aquellos actos que nos perjudican pero que “no podemos evitar” realizarlos. Incluyendo la no ejecución de aquello que deseamos. Esto explicaría el funcionamiento neurológico de nuestros conflictos o INCOHERENCIAS entre pensamientos, emociones y actos o palabras.

La alternativa a esta situación se encuentra en la toma de conciencia. Cuando descubres el por qué o para qué reaccionas repetidas veces del mismo modo, el para qué de tus incongruencias, puedes comprender. Y es ahí cuando ocurre el aprendizaje (modificación del comportamiento a partir de la experiencia), al ser procesado por el neocórtex, al hacerlo consciente, descubrirás las creencias y programas que sustentan tu comportamiento.

Es decir, la toma de conciencia, el darse cuenta o el hacer consciente lo inconsciente es la base del aprendizaje, la comprensión y la sanación (entendida como el restablecimiento del equilibrio y la optimización e integración de los procesos personales). Y este es, precisamente, el objetivo del análisis transgeneracional y aquí radica su valor, en que proporciona directamente el descubrimiento de aquello que hasta ahora no hemos sido capaces de ver y que se encuentra en nosotros mismos.

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